Un cometa observado en China en el año 5 a.C. podría ser la explicación astronómica más plausible al fenómeno que describe el Evangelio de San Mateo.
La imagen de los Reyes Magos siguiendo una estrella brillante hasta Belén forma parte inseparable del imaginario navideño. Sin embargo, el relato original del Evangelio de San Mateo —el único que menciona este episodio— no ofrece muchos detalles ni confirma que los Magos siguieran la estrella desde Oriente. Tampoco los llama “reyes”, ni menciona cuántos eran. Solo dice que vieron “una estrella en el Oriente” que los llevó hasta el lugar donde había nacido Jesús.
Por siglos, teólogos, historiadores y astrónomos han debatido si se trató de una metáfora piadosa, un símbolo con intenciones teológicas, o si realmente hubo un fenómeno astronómico que pueda explicar ese misterioso astro. Ahora, el astrónomo de la NASA Mark Matney propone una teoría que podría dar respuesta al enigma. Según sus cálculos, la famosa “estrella de Belén” habría sido un cometa visible desde China en marzo del año 5 antes de nuestra era, una fecha que coincide con las estimaciones históricas del nacimiento de Jesús.
Lo innovador del estudio de Matney, publicado en la Journal of the British Astronomical Association, es que calcula una órbita que habría hecho parecer al cometa “detenido en el cielo”, tal como describe Mateo. Según el modelo, el objeto se habría desplazado en una órbita casi geosincrónica en la mañana del 8 de junio de aquel año, generando una ilusión óptica de quietud para quienes lo observaban desde la Tierra.
Este cometa también fue propuesto en investigaciones anteriores, como las del físico británico Colin Humphreys, quien sostiene que la larga cola del cometa pudo haber señalado el lugar exacto hacia donde se dirigían los Magos. En la astrología antigua, la constelación de Capricornio —donde se habría ubicado este cometa— se asociaba a Judea, lo que reforzaría su posible significado simbólico y profético.
Aunque todavía faltan más evidencias para confirmar esta hipótesis, astrónomos como Carlos de la Fuente Marcos, de la Universidad Complutense de Madrid, consideran que se trata de una propuesta “razonablemente plausible”.
Al final, tal como señala el jesuita y astrónomo Guy Consolmagno, exdirector del Observatorio Vaticano, “puede que nunca sepamos qué fue la estrella de Belén… pero eso no impide que siga siendo uno de los misterios más fascinantes y bellos de la historia de la astronomía y la fe”.






