La película de Iván Dariel Ortiz lleva a la pantalla una realidad que se repite en muchos hogares de la isla: abuelos que, cuando pensaban que había llegado el momento de descansar, terminan convirtiéndose nuevamente en padres y principales cuidadores de sus nietos.
La cinta presenta a Manuel, interpretado por José Félix Gómez, un hombre retirado que atraviesa el duelo por la muerte de su esposa. Su vida transcurre entre la soledad, los recuerdos y una rutina que cambia abruptamente cuando una tragedia familiar lo obliga a hacerse cargo de Irene, su nieta de nueve años, interpretada por Milena Elisa Soltero. Abuelo y nieta prácticamente no se conocen. Ahora tendrán que aprender a vivir juntos y, sobre todo, a convertirse en familia.
Pero Ortiz coloca una segunda realidad sobre la mesa. Mientras Manuel intenta asumir nuevamente responsabilidades de crianza, comienza a enfrentar señales de deterioro en su propia salud. La película aborda posteriormente su diagnóstico de Alzheimer y el dilema inevitable: ¿quién cuida al cuidador cuando este también comienza a necesitar ayuda?
Ahí es donde “De tal palo…” deja de ser solamente una historia cinematográfica.
En Puerto Rico existen hogares donde los abuelos han vuelto a levantarse temprano para preparar desayunos, llevar niños a la escuela, ayudar con asignaciones, acudir a citas médicas y asumir responsabilidades económicas cuando creían haber terminado esa etapa de sus vidas.
Las razones pueden ser muchas: violencia doméstica, dificultades económicas, enfermedad, migración, problemas familiares o padres que simplemente no pueden continuar haciéndose cargo de sus hijos.
La película no convierte esa realidad en melodrama. Su fortaleza está precisamente en mostrarla desde lo cotidiano.
Manuel e Irene llegan a la vida del otro cargando sus propias heridas. Él enfrenta la pérdida de su compañera y el temor de perder poco a poco su independencia. Ella necesita seguridad en medio de una familia golpeada por una situación traumática. En ese encuentro improbable, ambos terminan encontrando algo que necesitaban.
Filmada íntegramente en Puerto Rico, principalmente en Juncos y Caguas, la producción recorrió festivales internacionales antes de llegar a las salas del país. Tuvo presentaciones en India, España, Ecuador, Rusia y Estados Unidos, entre otros destinos.
Sin embargo, quizás sea en Puerto Rico donde su historia tenga una lectura más íntima.
Porque detrás de Manuel pueden reconocerse muchos abuelos puertorriqueños que han postergado nuevamente sus propias necesidades para sostener a sus familias.
Y allí aparece el mensaje más importante de “De tal palo…”, cuidar a nuestros niños es importante, pero también lo es mirar a quienes llevan años cuidando de todos, porque a veces pensamos que los abuelos siempre estarán ahí.






