La isla ya tiene 237 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años, una transformación que aumenta la presión sobre el sistema de salud, los cuidadores y los programas de asistencia.
Puerto Rico no solo está perdiendo población. También está cambiando rápidamente la composición de quienes permanecen en la isla. En apenas cinco años, el índice de vejez aumentó 41%, al pasar de 168 adultos de 65 años o más por cada 100 menores de 15 años en 2020, a 237 en 2025.
El aumento ocurrió en los 78 municipios y confirma una transformación demográfica que tendrá consecuencias en prácticamente todas las áreas de la vida pública. Habrá que responder a una mayor necesidad de servicios médicos, cuidado prolongado, vivienda accesible, transportación, asistencia en el hogar y apoyo para las familias que asumen el cuidado de padres y abuelos.
Los datos del Instituto de Estadísticas reflejan que la población estimada de Puerto Rico se situó en 3,184,835 habitantes al 1 de julio de 2025. Esa cifra representa una reducción de alrededor de 101,000 personas frente a la base poblacional de abril de 2020.
Al mismo tiempo, nacen muchos menos niños. En el año 2000 se registraron 59,460 nacimientos, mientras que en 2025 la cifra bajó a 18,003, una caída de casi 70%. Desde 2016, las muertes superan de manera constante a los nacimientos, un patrón que acelera el envejecimiento y reduce la población joven disponible para incorporarse al mercado laboral.
El panorama también queda claro al mirar la edad promedio. La mediana de edad en Puerto Rico alcanzó 45.6 años en 2024, frente a 43.8 en 2020. Para ese año, las personas de 65 años o más representaban 24.6% de la población, mientras los menores de 18 años constituían apenas 15%.
La Oficina de la Procuradora de las Personas de Edad Avanzada identificó 962,805 adultos mayores en su perfil sociodemográfico más reciente. Las proyecciones apuntan a que ese grupo podría superar 1.2 millones para 2030.
El reto no consiste únicamente en atender a más personas mayores, sino en determinar quién las cuidará. El Plan Decenal de Envejecimiento Saludable advierte que la demanda de apoyo familiar continuará creciendo y podría afectar la disponibilidad de cuidadores y recursos. También reconoce la necesidad de ampliar el acceso a servicios de salud y fortalecer la autonomía de esta población.
Puerto Rico está entrando en una etapa que exige decisiones inmediatas. Adaptar viviendas, comunidades, hospitales y programas sociales ya no es una previsión para el futuro. Es una necesidad del presente.






