Cuando buscamos cómo prevenir el deterioro cognitivo solemos pensar en leer, jugar al ajedrez o hacer sudokus. También en seguir una dieta sana, controlar el colesterol o mantener la tensión arterial en valores recomendados. Todos estos factores son conocidos protectores de demencia y respaldados por la evidencia científica. No son los únicos. Existen otros, mucho menos conocidos, que también parecen influir en la salud cerebral. Por ejemplo, tener un propósito en la vida.
No se trata de una idea filosófica ni de una actitud positiva con tintes de autoayuda y sin base científica: numerosos estudios han estudiado cómo se relaciona con la demencia. Sus resultados muestran que las personas que sienten que su vida tiene un sentido, tienen objetivos personales y conservan la ilusión por proyectos futuros presentan un menor riesgo de deterioro cognitivo, depresión e incluso mortalidad.
¿Qué entendemos por propósito en la vida?
En investigación, el concepto “propósito en la vida” (PIL, del inglés purpose in life) hace referencia a la percepción de que nuestra vida tiene un significado y una dirección.
Esto no depende necesariamente de la edad, la situación económica o el estado de salud. Tampoco implica estar siempre feliz (eso es imposible). Se acerca mucho al famoso ikigai japonés: encontrar aquello que da sentido a nuestra existencia y nos impulsa a vivir con ilusión cada día.
Una persona con un elevado propósito vital tiene razones para levantarse cada mañana, mantiene intereses, participa en actividades y percibe que sigue aportando algo a quienes la rodean. En otras palabras, se siente útil.
Y, como apuntábamos más arriba, esa actitud reduce el riesgo de demencia y es una prometedora vía para proteger la salud cognitiva.











