En un emotivo mensaje, su santidad León XIV pidió fortalecer la unidad familiar como signo de amor, fe y futuro
Durante la Misa del Jubileo de las Familias, celebrada recientemente en la plaza San Pedro, el Santo Padre elevó un llamado que aún resuena con fuerza, solo las familias unidas, construidas sobre el amor y la fe, pueden forjar un futuro de esperanza. Frente a miles de fieles, pidió a los esposos ser ejemplo de coherencia, a los abuelos custodiar la sabiduría y a los niños, agradecer el don de la vida.
En una de sus intervenciones más significativas de este año, el papa León XIV presidió en la plaza San Pedro la misa del Jubileo dedicado a las familias, niños, abuelos y ancianos. Aunque la celebración tuvo lugar el pasado 1 de junio, su mensaje sigue vigente: “Son las familias las que generan el futuro de los pueblos”.
El papa León se abrió paso entre la multitud antes del comienzo de la misa, cuando las temperaturas aún rondaban los 70 grados. Dejó de bendecir a los bebés y niños pequeños que se le acercaban cuando un niño le tendió la mano para que se la estrechara. El Papa se asomó desde el papamóvil para chocar los cinco con él, entre los vítores del niño y sus amigos.
Ese día también se celebró la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, y en las palabras pronunciadas tras la misa el papa León agradeció a todos “los trabajadores de los medios de comunicación que, cuidando la calidad ética de los mensajes, ayudan a las familias en su tarea educativa”.
Más de 45 mil personas se congregaron para vivir esta jornada especial, marcada por gestos de cercanía y un llamado profundo a la unidad familiar. Desde la papamóvil, el Papa bendijo a padres y madres, besó a los más pequeños y saludó con ternura a los adultos mayores, reflejando en sus gestos la comunión que luego predicó con fuerza.
“La unidad por la que Jesús ora es un don”, reflexionó el Pontífice al citar el Evangelio de San Juan. Aclaró que no se trata de uniformidad, sino de una comunión viva, nacida del amor que une sin dominar, salva sin imponer y construye sin borrar diferencias.
El Papa reafirmó la vocación de la familia como santuario del amor fiel y fecundo. Citó a los santos esposos Luis y Celia Martin, y a los mártires Ulma, como ejemplo de que el matrimonio no es un ideal lejano, sino una vía concreta para vivir el amor de Dios. “Ese amor, al hacerlos ‘una sola carne’, los capacita para dar vida, a imagen de Dios”, afirmó.
También dirigió palabras concretas a cada generación
A los esposos, los invitó a ser ejemplo de coherencia y amor que educa en libertad.
A los niños, a expresar gratitud hacia quienes les dieron la vida.
A los abuelos y ancianos, a mantener una vigilia amorosa que resguarde la memoria familiar.
Para cerrar su homilía, León XIV ofreció una mirada de eternidad. Recordó que un día, todos seremos “uno” en Dios (In illo uno unum), “No sólo nosotros —afirmó—, sino también los que ya nos han precedido en la luz de su Pascua”.
“Las familias, unidas en su diversidad, son hoy el signo de paz que el mundo necesita”, su mensaje concluyó con un gesto de esperanza y un eco profético, que “Las familias, unidas en su diversidad, sean el signo de paz que el mundo necesita”.














