Un estudio con casi 240,000 mujeres encontró que apenas el 12 % de sus expedientes médicos incluye información sobre la menopausia. La ausencia de estos datos dificulta conocer sus efectos a largo plazo y atender condiciones que pueden afectar la calidad de vida durante la adultez mayor.
La menopausia forma parte de la vida de las mujeres, pero su importancia en el cuidado de la salud todavía no recibe la atención que merece. Aunque suele asociarse con el final de la menstruación y los cambios hormonales de la mediana edad, sus efectos pueden acompañar a muchas mujeres durante años e influir en su bienestar físico y emocional, especialmente después de los 60.
Una investigación publicada en septiembre de 2026 en la revista científica Menopause encontró que esta etapa apenas figura en los expedientes médicos. Los investigadores examinaron los registros electrónicos de casi 240,000 mujeres y descubrieron que solamente el 12 % contenía alguna referencia a la menopausia, pese a que más de la mitad de las participantes había informado que estaba atravesando esta transición.
El análisis se realizó con información del programa All of Us, una iniciativa de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), que recopila datos de cientos de miles de personas para ampliar el conocimiento sobre las enfermedades y mejorar los tratamientos médicos.
Al comparar los expedientes con las respuestas de las participantes, los investigadores encontraron que información tan importante como la edad en que comenzó la menopausia, los sofocos, las alteraciones del sueño y otros síntomas estaba ausente de buena parte de los registros. Esta falta de documentación deja preguntas sin responder sobre la relación entre los cambios hormonales y las condiciones de salud que pueden desarrollarse con el paso de los años.
Sus efectos no terminan con la menstruación
La menopausia generalmente ocurre entre los 45 y 55 años, aunque cada mujer la experimenta de manera diferente. Algunas atraviesan esta transición con pocas molestias, mientras otras enfrentan episodios intensos de calor, sudoraciones nocturnas, insomnio, cambios de ánimo y dificultades para concentrarse.
Con el paso del tiempo, muchos de estos síntomas disminuyen, pero otros pueden persistir. La sequedad vaginal, las molestias durante las relaciones sexuales y determinados problemas urinarios, por ejemplo, pueden continuar después de los 60 años y afectar actividades cotidianas que muchas mujeres prefieren no comentar durante sus consultas.
La salud de los huesos merece especial atención. La disminución del estrógeno favorece una pérdida más rápida de densidad ósea, lo que aumenta la posibilidad de desarrollar osteoporosis. En las mujeres mayores, una fractura puede representar mucho más que una lesión temporal, pues en algunos casos compromete la movilidad y la capacidad para realizar actividades de manera independiente.
También existen cambios relacionados con la salud cardiovascular. Después de la menopausia pueden modificarse los niveles de colesterol y la distribución de la grasa corporal, factores que, junto con la edad, la presión arterial, la diabetes y los antecedentes familiares, influyen en el riesgo de enfermedades del corazón.
Por eso, conocer cuándo comenzó esta etapa y cómo se manifestó puede aportar información útil al momento de evaluar la salud de una mujer, incluso varias décadas después.
Una conversación que suele quedar pendiente
Una de las interrogantes que plantea la investigación es por qué la menopausia aparece tan pocas veces en los expedientes médicos. Los autores consideran que podría estar relacionado con el hecho de que no se trata de una enfermedad y, por tanto, no siempre se registra como parte de los diagnósticos de una paciente.
A esto se suma que muchas mujeres no mencionan sus síntomas porque los consideran parte normal del envejecimiento. En ocasiones, las consultas se concentran en atender condiciones como hipertensión, diabetes o artritis, y los antecedentes relacionados con la menopausia quedan relegados.
Para una mujer de 70 años, por ejemplo, puede parecer innecesario hablar de una etapa que atravesó hace dos décadas. Sin embargo, saber si la menopausia comenzó antes de los 45 años, si hubo una cirugía para extirpar los ovarios o si existen molestias persistentes puede ayudar al médico a comprender mejor algunos aspectos de su salud.
La ausencia de estos datos también limita las investigaciones. Sin información suficiente resulta difícil determinar cómo evolucionan determinados síntomas, qué mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar ciertas condiciones y de qué manera influyen las circunstancias económicas o el acceso a los servicios médicos.
Lo que conviene recordar en la próxima consulta
Hablar sobre la menopausia no significa que todas las mujeres necesiten medicamentos o tratamientos hormonales. Muchas atraviesan esta etapa sin complicaciones importantes y mantienen una vida saludable durante décadas. Lo fundamental es que sus antecedentes formen parte de la evaluación médica.
Durante una consulta puede ser útil mencionar la edad aproximada en que terminó la menstruación, los síntomas que se experimentaron y cualquier molestia que todavía persista. También conviene informar sobre fracturas previas, cambios urinarios o dificultades para dormir que estén afectando la calidad de vida.
Con estos antecedentes, el profesional de salud puede determinar si corresponde evaluar la densidad ósea, revisar los factores de riesgo cardiovascular o considerar alternativas para aliviar síntomas específicos.
La actividad física, una alimentación adecuada, el descanso y el seguimiento de enfermedades crónicas continúan siendo importantes para conservar la salud durante la adultez mayor. En el caso de las mujeres, estas medidas deben acompañarse de una evaluación que tome en cuenta los cambios experimentados a lo largo de su vida.
Mejor información para una mejor atención
A partir de los resultados del estudio, los investigadores trabajan en un cuestionario breve que las pacientes podrían completar antes de sus citas médicas. La intención es recoger información sobre la menopausia y sus síntomas para incorporarla directamente a los expedientes electrónicos, sin depender exclusivamente de lo que se converse durante la consulta.
El equipo también desarrolla herramientas informáticas para recuperar información relacionada con esta etapa a partir de otros datos médicos. Al mismo tiempo, examina si existen diferencias en la documentación según los ingresos, el origen cultural, el lugar de residencia o las prácticas de los centros de salud.
La investigación abre una discusión que resulta especialmente pertinente para las mujeres mayores. Durante mucho tiempo, la menopausia se ha tratado como un episodio pasajero que pierde importancia una vez desaparecen las molestias más conocidas. Sin embargo, los cambios que ocurren durante esos años forman parte de los antecedentes que pueden ayudar a orientar el cuidado de la salud en la vejez.
Una mujer que llega a los 65, 70 u 80 años lleva consigo una historia médica que incluye sus embarazos, enfermedades, tratamientos y también su menopausia. Todos esos antecedentes merecen ser considerados cuando se toman decisiones sobre su bienestar.
Incorporar esta información a los expedientes no requiere convertir un proceso natural en una condición médica. Se trata de conocer mejor a cada paciente y evitar que una parte importante de su historia quede fuera de la consulta. Para las mujeres adultas mayores, esa atención puede marcar una diferencia en la prevención de enfermedades, el manejo de síntomas y la conservación de su independencia.
Fuente: Revista científica Menopause, septiembre de 2026. Investigación basada en datos del programa All of Us de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.















