En la cocina de hoy, los aceites son protagonistas y ocupan un lugar destacado en la despensa. Te explicamos cómo distinguirlos, cuándo usarlos y cómo aprovechar al máximo sus cualidades sin caer en mitos ni confusiones
Recorrer los pasillos del supermercado puede resultar confuso. La variedad de aceites parece interminable, oliva, canola, girasol, aguacate. La oferta es tan amplia como las preguntas que genera. ¿Cuál es el mejor para cocinar? ¿Son todos igual de saludables? La respuesta es más simple de lo que parece.
En los últimos tiempos, los aceites de semillas han ganado terreno, se obtienen de plantas, vegetales, semillas o frutos secos, y entre ellos destacan el de maíz, girasol, linaza y canola. evolución
Décadas atrás, grasas saturadas, como la manteca y la grasa de tocino eran las reinas de la cocina. Sin embargo, la relación de estas con enfermedades cardíacas impulsó la búsqueda de alternativas más saludables. Así, los aceites vegetales y de semillas se convirtieron en las nuevas estrellas de las recetas cotidianas. El interés por opciones sanas también trajo desinformación y algunas voces cuestionan ciertos aceites, pero la realidad es que, usados con moderación, forman parte de una dieta equilibrada.
Cómo se obtienen los aceites
Los aceites de cocina se extraen mediante procesos mecánicos o químicos, que pueden incluir refinamiento, blanqueo y calentamiento. Aunque los métodos varían, el objetivo es el mismo: obtener un líquido que dé sabor y textura a nuestros alimentos.
No todos son iguales. Es importante conocer las diferencias:
Grasas trans: Las más dañinas. Hoy en día casi desaparecidas, fueron comunes en margarinas y alimentos procesados.
Grasas saturadas: Presentes en el aceite de coco, palma y productos animales. Su consumo debe ser limitado.
Grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas: Las más recomendadas para la salud. Se encuentran en aceites de semillas, oliva, aguacate, frutos secos y pescados.
Aceites prensados en frío: ideales para usar en crudo
Estos aceites se extraen sin calor, conservando nutrientes y sabor. Son perfectos para aderezos, salsas o como toque final en platos ya preparados. No se deben calentar a altas temperaturas.Ejemplos de aceites para uso en frío:
– Aceite de oliva extra virgen
– Aceite de linaza
– Aceite de nuez
– Aceite de sésamo tostado
– Aceite de cáñamo
– Aceite de germen de trigo
– Aceite de semilla de calabaza
Usos recomendados
– Ensaladas y vinagretas
– Sopas frías
– Rociar sobre vegetales cocidos
– Batidos y platos fríos
Importante: No son adecuados para freír ni saltear.
Aceites de alto punto de humo: perfectos para cocinar
Estos aceites resisten altas temperaturas sin degradarse ni producir humo o sabores amargos. Son ideales para freír, saltear o asar. Ejemplos:
– Aceite de canola
– Aceite de aguacate
– Aceite de maní
– Aceite de oliva refinado (no extra virgen)
¿En qué fijarse al comprar aceite?
Más allá de tendencias o precios, lo recomendable es optar por aceites líquidos a temperatura ambiente. Estos ayudan a controlar el colesterol y reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Consejos prácticos:
w Usa aceites sólidos, como el de coco o palma, con moderación.
w Evita grasas trans.
w Prefiere prensados en frío para platos fríos y aceites de alto humo para cocinar.
En resumen
No hay por qué temer a los aceites de semillas. Usados con inteligencia, son esenciales en una alimentación sana y variada. La clave está en el equilibrio, la moderación y en elegir el más adecuado para cada receta.
Disfrutar los beneficios es tan fácil como saber cuándo y cómo usarlos.
Fuentes: National Geographic, The Conversation y SINC














