El exceso de ácido úrico es una condición frecuente entre las personas mayores y puede convertirse en una causa importante de dolor, inflamación y pérdida de movilidad. Aunque muchas veces pasa desapercibido hasta que aparecen los síntomas, mantener niveles elevados de esta sustancia puede afectar seriamente la calidad de vida y la independencia de quienes la padecen.
Los especialistas advierten que una alimentación adecuada, junto con el seguimiento médico y hábitos saludables, son fundamentales para prevenir las complicaciones asociadas al ácido úrico elevado, especialmente los episodios de gota, una enfermedad que provoca dolor intenso en las articulaciones.
¿Qué es el ácido úrico y por qué aumenta con la edad?
El ácido úrico es una sustancia que el organismo produce al descomponer las purinas, compuestos presentes de forma natural en numerosos alimentos. En condiciones normales, los riñones eliminan el exceso a través de la orina. Sin embargo, con el envejecimiento, este proceso puede volverse menos eficiente.
Factores como la disminución de la función renal, el uso de ciertos medicamentos, el sedentarismo y algunas enfermedades crónicas favorecen la acumulación de ácido úrico en la sangre. Cuando esto ocurre, pueden formarse cristales que se depositan en las articulaciones, provocando inflamación, enrojecimiento y dolor intenso.
Los alimentos que pueden empeorar el problema
La alimentación juega un papel clave en el control de esta condición. Algunos alimentos contienen altas cantidades de purinas y pueden elevar significativamente los niveles de ácido úrico.
Entre los principales se encuentran las carnes rojas y las vísceras, como hígado, riñones y sesos, cuyo consumo frecuente aumenta el riesgo de ataques de gota. También se recomienda moderar o evitar mariscos y pescados azules como sardinas, boquerones, mejillones y camarones.
Los embutidos y carnes procesadas tampoco son recomendables debido a su alto contenido de purinas, grasas y sodio. Del mismo modo, los caldos concentrados elaborados con huesos o carnes grasas pueden contribuir al aumento del ácido úrico.
Las bebidas alcohólicas merecen una atención especial. La cerveza, incluso en su versión sin alcohol, puede favorecer la acumulación de ácido úrico y dificultar su eliminación. También se aconseja limitar el consumo de vinos y licores.
Otro grupo de alimentos a vigilar son los refrescos, dulces y productos ricos en fructosa, ya que este azúcar favorece la producción de ácido úrico en el organismo. Algunos vegetales como espárragos, espinacas, coliflor y champiñones contienen purinas, aunque su impacto suele ser menor que el de las carnes y mariscos.
Lo que sí puede formar parte de una dieta saludable
La buena noticia es que existen muchas opciones nutritivas que pueden ayudar a mantener el ácido úrico bajo control.
Las frutas frescas, especialmente aquellas ricas en vitamina C como naranjas, fresas y kiwis, favorecen la eliminación del ácido úrico. Las verduras, salvo algunas excepciones, aportan fibra, vitaminas y minerales esenciales para una buena salud.
También se recomiendan los lácteos bajos en grasa, los cereales integrales y el aceite de oliva virgen extra, conocido por sus beneficios cardiovasculares y sus propiedades antiinflamatorias.
Mantener una buena hidratación es igualmente importante. Beber suficiente agua durante el día ayuda a los riñones a eliminar el exceso de ácido úrico y reduce el riesgo de sufrir ataques de gota.
Pequeños cambios que marcan una gran diferencia
Controlar el ácido úrico requiere algo más que modificar la dieta. Mantener un peso saludable, realizar actividad física acorde con las capacidades de cada persona y acudir regularmente a controles médicos son medidas esenciales para prevenir complicaciones.
En muchos casos, el apoyo de familiares y cuidadores resulta fundamental para garantizar una alimentación adecuada, el cumplimiento de los tratamientos y la adopción de hábitos saludables.
Cuidar los niveles de ácido úrico no solo ayuda a evitar el dolor y la inflamación articular. También contribuye a preservar la movilidad, la autonomía y la calidad de vida, aspectos fundamentales para disfrutar de un envejecimiento activo y saludable.






