Aunque parecen crecer con el paso de los años, los cambios en el tamaño de las orejas están relacionados con la pérdida de elasticidad de los tejidos y los efectos de la gravedad sobre su estructura.
Las orejas son una de esas partes del cuerpo que parecen desafiar el paso del tiempo. Mientras otros tejidos pierden volumen y firmeza, estas aparentan hacerse cada vez más grandes. No se trata de una simple percepción. Diversas investigaciones científicas han confirmado que las orejas de las personas mayores pueden medir hasta un centímetro más que las de los adultos jóvenes. Sin embargo, la explicación no está en un crecimiento continuo, sino en los cambios que experimentan sus tejidos durante el envejecimiento.
El secreto se encuentra principalmente en el cartílago elástico, el tejido que da forma al pabellón auricular y permite que las orejas puedan doblarse sin perder su estructura. Este cartílago contiene colágeno, elastina y proteoglicanos, componentes fundamentales para mantener su resistencia, flexibilidad e hidratación.
El colágeno proporciona firmeza, mientras que la elastina permite que los tejidos recuperen su forma después de estirarse. Los proteoglicanos, por su parte, retienen agua y contribuyen a conservar las propiedades del cartílago.
El envejecimiento cambia su estructura
A diferencia de lo que suele creerse, el cartílago de las orejas no continúa creciendo indefinidamente. Su desarrollo prácticamente se detiene al alcanzar la edad adulta. Además, debido a su escasa irrigación sanguínea, tiene una capacidad limitada de renovación.
Con los años, las fibras de elastina pierden parte de sus propiedades y el colágeno experimenta modificaciones que reducen la resistencia de los tejidos. Como consecuencia, las orejas comienzan a perder firmeza y su estructura se vuelve más vulnerable a la deformación.
Este proceso puede compararse con una banda elástica que, después de utilizarse durante mucho tiempo, pierde tensión y ya no recupera completamente su forma original.
La gravedad también hace su trabajo
La fuerza de gravedad desempeña un papel importante en estos cambios. Al disminuir la elasticidad, los tejidos de las orejas ceden progresivamente y tienden a alargarse, especialmente en la zona del lóbulo, que carece de cartílago.
La exposición prolongada al sol y otros factores ambientales también pueden contribuir al deterioro de las fibras que mantienen la firmeza de la piel.
Este fenómeno no es exclusivo de las orejas. La pérdida de elasticidad afecta distintas regiones del cuerpo y explica, en parte, la aparición de flacidez en el cuello, los brazos y otras zonas.
Aunque el aumento aparente del tamaño de las orejas constituye una manifestación normal del envejecimiento, no representa una ventaja para la audición, que generalmente disminuye con la edad.
En definitiva, las orejas no crecen continuamente: se alargan porque sus tejidos pierden progresivamente la capacidad de conservar su forma original. Es otro de los cambios naturales que acompañan al organismo con el paso de los años.















